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Aumenta la depresión en chicos: pediatras advierten por más presencia adulta y menos pantallas
Las consultas por depresión y otros trastornos de salud mental en chicos y adolescentes crecen de manera sostenida. Pediatras y psiquiatras infanto-juveniles advierten que la falta de presencia adulta y el uso excesivo de pantallas aparecen como factores clave en un escenario cada vez más preocupante.
La depresión en niños, niñas y adolescentes (NNyA) se consolida como uno de los principales desafíos de la salud pública en Argentina. Especialistas del Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) alertan por el aumento de consultas a edades cada vez más tempranas y remarcan la necesidad de más acompañamiento adulto y un uso más limitado de dispositivos digitales.
Según datos difundidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2025, 1 de cada 7 personas de entre 10 y 19 años padece algún tipo de trastorno mental, y la depresión se encuentra entre los más frecuentes. En el ámbito local, el Ministerio Público Tutelar de la Ciudad de Buenos Aires informó que hay más de una internación diaria de NNyA por riesgo suicida, y que en más del 90% de los casos se trata de adolescentes.
En el Hospital de Clínicas, la situación también genera alarma: la División Pediatría registró un incremento cercano al 30% en las consultas por problemas de salud mental, con cuadros que aparecen cada vez a edades más tempranas.
“La depresión es una de las entidades del estado de ánimo en las que los adultos más pueden ayudar, siempre que estén disponibles”, explica la Dra. Silvia Ongini, psiquiatra infanto-juvenil (MN 69.218) del Hospital de Clínicas. “Hoy no es tan frecuente encontrar ese adulto presente. En cambio, se les da a los dispositivos digitales un lugar mayor al que deberían tener”, advierte.
Depresión, cuadro depresivo y trastorno depresivo
La especialista subraya la importancia de diferenciar conceptos. “Hablamos de ‘depresión’ como estado cuando es transitorio; de ‘cuadro depresivo’ cuando aparece como reacción a un duelo u otra situación particular; y de ‘trastorno depresivo’ cuando los síntomas afectan distintas áreas de la vida y se sostienen en el tiempo”, detalla Ongini.
El impacto de las pantallas y la búsqueda de diagnósticos online
Otro dato que preocupa a los profesionales es que muchos adolescentes llegan al consultorio tras intentar autodiagnosticarse en internet o a través de inteligencias artificiales. “Buscan respuestas en un interlocutor que parece personalizado, pero que no lo es. Esto muestra la falta de un adulto cercano con quien hablar”, señala la psiquiatra.
Desde el hospital estiman que entre el 50% y el 70% de los padres consultan con diagnósticos sugeridos por redes sociales o IA, lo que muchas veces dificulta el abordaje profesional. A esto se suma la desinformación, los mitos y el estigma que aún rodean a la salud mental.
“Pedir ayuda a tiempo cambia destinos. Hoy contamos con herramientas para que un chico o adolescente no tenga que atravesar sufrimientos profundos ni cargar con secuelas a lo largo de su vida”, afirma Ongini.
Cómo se manifiesta la depresión en chicos y adolescentes
Las señales no siempre son las esperadas. En niños y niñas, la tristeza no suele ser el síntoma principal. “Lo más frecuente es la irritabilidad, la baja tolerancia a la frustración, los berrinches, la impulsividad o los cambios en el sueño, el aprendizaje y la conducta alimentaria”, explica la especialista.
En muchos casos, las escuelas son las primeras en advertir cambios, como crisis de llanto, conflictos con pares o dificultades para regular emociones. En otros, son los propios chicos quienes piden ayuda a amigos o adultos cercanos.
En los adolescentes, en cambio, pueden aparecer el aislamiento, el repliegue, la pérdida de interés por actividades que antes disfrutaban, cambios en los hábitos, en el vínculo con los padres y un tono de ánimo bajo, junto con alteraciones en el sueño y el peso.
Factores de riesgo y causas frecuentes
Entre las causas, Ongini menciona factores heredofamiliares, estrés sostenido en el tiempo, bullying, abuso, acoso en redes sociales, duelos, separaciones, enfermedades prolongadas, carencias afectivas o económicas y sensaciones de soledad y aislamiento. “Son situaciones que van debilitando las defensas emocionales. Detectarlas a tiempo es clave”, sostiene.
Dónde pedir ayuda en Argentina
En la Ciudad de Buenos Aires, se puede acudir a hospitales públicos como el Hospital de Clínicas de la UBA (Av. Córdoba 2351), el Laura Bonaparte (línea 0800-999-0091), el Gutiérrez y el Elizalde. También está disponible la línea gratuita y confidencial Salud Mental Responde (0800-333-1665).
En el resto del país, hospitales públicos y centros de salud cuentan con servicios especializados, y los pediatras y médicos clínicos pueden brindar una primera contención y derivar a psicoterapia o psiquiatría si es necesario.
“La depresión debe ser desmitificada. No necesariamente es para toda la vida y es una de las problemáticas donde más se puede ayudar”, concluye Ongini. “Acompañar a un niño o adolescente es transmitirle que importa, que su dolor es real y que el mundo no es igual sin él o ella”.