La norma, aprobada tras un largo proceso parlamentario, exige además que las empresas tecnológicas refuercen drásticamente los sistemas de verificación de identidad para impedir que cualquier chico pueda acceder a estas plataformas.
Las compañías que no cumplan enfrentarán multas millonarias, y algo que generó aún más controversia:
Las cuentas de menores que ya existen serán eliminadas sin excepción.
La medida busca frenar el impacto del uso excesivo de pantallas, el ciberacoso y los riesgos emocionales asociados a la exposición digital, pero abrió un fuerte debate sobre derechos, privacidad, educación y el rol del Estado.
En el marco de este anuncio, se consultó a educadores y profesionales locales que estudian el vínculo entre adolescentes, tecnología y salud emocional. Aunque suelen ser críticos del uso desmedido de redes, ninguno apoyó la prohibición total.
Arístides Álvarez – ONG “Si nos reímos, nos reímos todos”
Recordó que el impacto emocional y social de las redes es profundo, especialmente cuando no hay autocontrol ni contención adulta. Recomendó establecer límites claros, supervisar tiempos y sostener un diálogo permanente con los chicos.
Carina Cabo – Especialista en educación digital
“No funciona. Lo prohibido genera deseo. Los chicos lo buscarían igual.”
Propuso en cambio una combinación de control, educación, hábitos saludables y actividades alternativas: deporte, arte, creatividad y espacios de encuentro reales.
Mientras Australia aplica la medida más estricta del mundo en esta materia, en nuestro país se abre un debate urgente sobre cómo acompañar a las nuevas generaciones en un entorno digital que avanza más rápido que las normas y que la propia educación.