Alfonso se llama el bebé. Un día le contarán que su abuelo, Mano, vivió algo similar en una trinchera italiana, en 1944, durante la Segunda Guerra Mundial. Y que él vivió una aventura increíble.
Eugenia y Sebastián Manoni, mamá y papá, tienen una frase para definir el momento: “No hay guerra que no pueda vencer el amor”. Hoy pueden arropar a su primer hijo, a salvo los tres, en Siret, una ciudad fronteriza de Rumania.
La pareja porteña decidió tener al niño a través del método de subrogación de vientre en una clínica privada. Este método se hace en Estados Unidos, Georgia, Canadá y Ucrania. Por recomendaciones, referencias y experiencias de otras parejas, optaron por hacerlo en Kyiv, sin imaginar todo lo que vendría después.