El fenómeno meteorológico, que registró ráfagas de viento de hasta 150 kilómetros por hora y provocó el vuelco de una docena de camiones en la autopista Rosario-Córdoba, tuvo uno de sus capítulos más dramáticos en la Ruta 9. Nicolás, un kinesiólogo que volvía de cumplir su jornada laboral en un consultorio, relató la pesadilla que vivió durante minutos que calificó como "eternos".
Según explicó, la tormenta se desató de forma repentina en un tramo de la ruta que describió como un "camino rural" con escasas entradas y sin refugios. "A los 50 metros empieza un viento muy fuerte, lluvia, que hace toda una película blanca y no te dejaba ver nada. ", detalló.
Nicolas comentó que el primer impacto ocurrió en la parte trasera del vehículo, cuando una piedra atravesó la luneta. A partir de allí, se desató una segunda ráfaga de golpes constantes que afectaron todo el habitáculo de un costado al otro. Ante la violencia del fenómeno, Nicolás solo atinó a apoyar la cabeza sobre el volante y cubrirse con sus propios brazos, las zonas de su cuerpo que finalmente recibieron la mayor cantidad de impactos directos.
Secuelas físicas y daños totales
Las imágenes de la espalda de Nicolás, cubiertas de moretones, reflejan la violencia del impacto. Las piedras perforaron la luneta y los vidrios del lateral derecho del auto, permitiendo que el granizo y el agua ingresaran masivamente.
Al finalizar la tormenta, el profesional notó que el interior del vehículo estaba completamente afectado por el clima, acumulando entre 20 y 30 centímetros de agua sobre el piso del auto.
Además de las heridas en su espalda, Nicolás presenta un fuerte golpe en su ojo derecho y moretones en los brazos producto del esfuerzo por proteger su rostro durante los diez minutos que duró la pedrada.