La sesión de hoy en el Senado de la Nación fue la última con la composición actual del cuerpo, antes de la asunción de los nuevos legisladores electos. Algunos senadores debían abandonar sus bancas al no haber sido reelegidos, pero para Esteban Bullrich, que tenía mandato hasta el 2023, la razón de su salida fue otra.
El notorio agravamiento de la Esclerosis Lateral Amitrófica (ELA), el trastorno neurodegenerativo que padece, obligó al senador por la provincia de Buenos Aires a renunciar a su banca dos años antes del plazo previsto. Su discurso de despedida emocionó a todo el recinto.
“Gracias presidenta por darme la palabra y por las muestras de afecto durante este tiempo difícil para mí. Desde que entré a la política hace 20 años siempre intenté ser fiel a mí mismo, no mentirme, hacer lo que sentía justo aunque no fuera conveniente. En este recinto del que me honra ser parte, vengo a hacer algo que va en contra de cada fibra de mi cuerpo. Nada de lo que soy me indica que este es el camino que quiero seguir, pero creo firmemente en la idea de que el interés público siempre debe estar por encima de los intereses personales”, comenzó sentidamente Bullrich.
Provocando lágrimas de emoción en más de un legislador, el senador renunciante prosiguió: “Créanme que es mucho más lo que nos une que lo que nos divide, los proyectos no son de nadie, son de todos. Las buenas ideas no tienen dueños, tienen beneficiarios”
Autocrítica: “Somos culpables los políticos, no los argentinos”
En un segmento del discurso, Bullrich se refirió a la propia clase política expresando que “Vivimos en un país enfocado en la grieta y en el debate violento, en el que la gente le escapa a la política, la desprecia y la condena. Un país en que la gente se recluye en lo privado soltando el sueño de ser parte de la construcción de una Argentina mejor”.
En ese tono, y entre lágrimas, el senador agregó: “Me voy con la tranquilidad de que aquí hay muchos dirigentes que tienen la vocación de construir un mejor país y resolverle los problemas a la gente. Anímense a ejercerlo, hagan carne del mandato de la gente y aprovechen que Dios le da la voz y la fuerza para desempeñarlo. Tengan el coraje de hacer solamente lo que saben correcto. Nuestro país clama por consensos”.
“Los números de la pobreza, la falta de desarrollo, los jóvenes que se van del país, la catástrofe educativa, y la continua y prolongada postergación de nuestros sueños (son) producidas por un estancamiento del que somos culpables los políticos y no los argentinos. Todos hemos sido culpables de gobernar con tapones en los oídos. Nadie tiene más tiempo para que juguemos a no ponernos de acuerdo. Hay que dialogar y escuchar con el corazón y la mente abiertos, y encontrar puntos en común para sentar las bases del país que queremos ser. Quizás así podamos evitar el desastre”, afirmó en una de las partes más duras del discurso.
Un último proyecto de ley para la educación inclusiva
Incansable pese a la enfermedad que sufre hace meses, el senador por la provincia de Buenos Aires anunció un nuevo proyecto de ley de educación inclusiva e hizo hincapié en el diálogo que se llevó adelante para presentarlo: “Fue acordado a partir de tres proyectos originales y con el aporte de senadoras y senadores de todos los bloques que, dejando de lado intereses personales y visiones partidarias, encontramos el proyecto común”.
“Renuncio a mi banca con mucha tristeza y mi última actividad legislativa es un proyecto de ley de educación inclusiva, por el que pido tratamiento sobre tablas. Esto busca igualar oportunidades que, como todo lo que hecho en mi vida política hasta ahora, intenta dejar de lado egoísmos y vanidades para enfocarnos plenamente en el consenso”, agregó quien fuera ministro de Educación de la Nación.
Llamado al consenso y contra la grieta
El discurso reflexionó también sobre la grieta, ante la emocionada presencia de los legisladores. ”Los adversarios nunca son enemigos y representan a una porción de los argentinos cuyos valores, intereses y deseos son tan atendibles como los de uno”, dijo Bullrich.
Acto seguido, el senador mencionó que: “ya probamos con la grieta y acá estamos. Esta Argentina que tenemos es la resultante de nuestra incapacidad de encontrar soluciones comunes a nuestros problemas, errar el camino es imperdonable. No solo porque ya nadie puede esperar, sino también porque miramos la Argentina y vemos un país extraordinario. Vemos emprendedores, estudiantes y trabajadores que siguen apostando a esta tierra maravillosa que amamos, a toda esa gente tampoco le podemos fallar”.
“Dios nunca nos pone pruebas que no podamos superar”
Para finalizar el discurso y sin poder contener el llanto, Bullrich afirmó: “El diálogo y la búsqueda de la razón entre dos debe ser un acto de generosidad, de amor y de calidad cristiana. Entendiendo que la verdad y la justicia son valores que encontrar, no propiedad de alguna de las dos partes. Quiero agradecer a todos los que han sido parte de este camino. Primero a Dios por esta cruz, porque él nunca nos pone pruebas que no podamos superar. Esta cruz me ha enseñado que la vida es hoy y el mañana es esperanza”.
“Como verán, abandono los honores, pero no la lucha, que es mi sostén. Seguiré trabajando por un país mejor, porque ese es el compromiso que asumí por mis hijos hace 20 años y es un compromiso para toda la vida”, cerró emocionado.