En las últimas horas, una familia de carpinchos sorprendió a quienes paseaban por el predio del Club de Regatas Rosario. La presencia de estos roedores, los más grandes del mundo, se debe a la creciente del río Paraná y la llegada de camalotes a la costa, que facilitan su desplazamiento hacia zonas urbanizadas. La institución difundió un comunicado a socios y visitantes para recordar que estos animales son silvestres y que, por su propia seguridad y la de las personas, no deben ser manipulados ni molestados.
Desde hace semanas, también en otros lugares de la ciudad, se han reportado avistajes de animales como capibaras, que buscan refugio en estos momentos de aumento del caudal. La situación no es aislada: especialistas señalan que, durante los picos de crecida, los animales se desplazan en busca de áreas más altas y seguras, arrastrados por el agua y los camalotes.
Desde el club reforzaron la importancia de mantener distancia y no ofrecerles comida o agua. Recomiendan también no perseguirlos, no hacer ruidos fuertes y evitar bloquear sus vías de escape hacia el río o la vegetación. En caso de que algún ejemplar parezca nervioso o en peligro, aconsejan retroceder lentamente y en caso de hallar animales heridos, informar a las autoridades correspondientes sin intentar intervenir por cuenta propia.
La presencia de carpinchos en zonas urbanas de Rosario no es un fenómeno nuevo, pero sí un recordatorio de cómo la naturaleza se adapta y desplaza en respuesta a las alteraciones del ecosistema del Paraná. La convivencia respetuosa, dicen los expertos, es fundamental para proteger tanto a los animales como a las personas, en un escenario donde la frontera entre el río y la ciudad se vuelve cada vez más difusa.