La Dirección Nacional de Vialidad (DNV) confirmó la intimación enviada a Néstor Rozín, uno de los propietarios del Hotel Sol de Funes, obligándolo a deshacer las reparaciones que realizó por cuenta propia en la colectora de la autopista Rosario-Córdoba.
Los trabajos cuestionados se ejecutaron a la altura del kilómetro 307, sobre la mano que va hacia la ciudad de Rosario. A pesar de que el empresario justificó la intervención argumentando la inacción estatal durante un año y la urgencia de acondicionar el camino ante la realización de eventos masivos en el complejo, el organismo ratificó que las obras incumplen las leyes vigentes y presentan graves irregularidades técnicas.
Voceros de la DNV advirtieron que las reformas y la apertura de accesos en inmediaciones de Kentucky Club de Campo se llevaron a cabo sin ningún tipo de autorización, evaluación técnica ni medidas de seguridad exigidas para una autopista de circulación rápida.
Las autoridades explicaron que estas conexiones clandestinas carecen de señalización preventiva, iluminación, diseño vial aprobado y de los necesarios carriles de aceleración o desaceleración. Esta situación obliga a los conductores a realizar maniobras imprevistas y genera diferencias bruscas de velocidad entre los vehículos, lo que incrementa significativamente el riesgo de colisiones y siniestros viales.
Por su parte, Rozín, quien comparte la sociedad del establecimiento hotelero con los directores técnicos Jorge Sampaoli y Sebastián Beccacece, expresó en diálogo con LT8, su total disconformidad tras recibir la carta documento que le ordena romper las mejoras.
El empresario detalló que el ingreso al predio "estaba detonado" y defendió una postura donde el sector privado pueda trabajar para el Estado y sumar en lugar de generar enfrentamientos. Sin embargo, el planteo no tuvo eco en las oficinas estatales, y el propietario fue intimado a restablecer el terreno a su estado anterior en un plazo perentorio de diez días.