Todo ocurrió cuando todavía había gente cenando, que se sorprendió con la abrupta decisión. Los dueños del local cuestionaron la resolución de la secretaría de Control y consideraron que el desalojo fue un abuso de poder.
Sergio, uno de los socios del local, desmientió que se haya tratado de una fiesta clandestina. Y agregó, que le pidieron a la Municipalidad menos trabas y más celeridad en las cuestiones administrativas. "Estuvimos un año sin trabajar, necesitamos que nos ayuden y no que nos persigan", señaló.
Otro de los socios del local reconoció que administrativamente le faltaba un papel que autorice el show, pero aclaró, repitió e insistió que no se trataba de una fiesta clandestina sino que contaban con habilitación.
Los vecinos por su parte, se quejaron por los disturbios y fundamentalmente por los ruidos molestos durante las noches del fin de semana.