“Hoy Santa Fe es un Estado fallido en seguridad”

Luis Green, ex secretario de Fronteras durante el gobierno de Macri, analizó la compleja situación limítrofe y cómo repercute al interior del país. Según su opinión, uno de las grandes falencias es la falta tareas de inteligencia.

23 jun, 2022
“Hoy Santa Fe es un Estado fallido en seguridad” | Política
Política: “Hoy Santa Fe es un Estado fallido en seguridad”

Luis Green fue secretario de Fronteras de la Nación durante el gobierno de Mauricio Macri. Al ocupar ese cargo vivió en primera persona la problemática del control de la seguridad nacional en los confines del mapa, en un territorio vasto y complejo, donde conviven narcotraficantes, delincuentes y buscavidas atravesados por una situación social vulnerable.

La narcocriminalidad y los hechos de violencia que padece Rosario se linkean inevitablemente con acciones que ocurren a cientos de kilómetros, en los márgenes del país. “Cada provincia tiene que asegurar la seguridad, la educación y la salud; cuando no lo puede hacer, como es el caso de Santa Fe, es un Estado fallido. Y hoy Santa Fe es un Estado fallido en seguridad. Entonces, para paliar esa situación recurren a las fuerzas federales, que son tomadas de las fronteras. A grandes rasgos, hoy el 70 por ciento de las fuerzas de Gendarmería y Prefectura están en el Conurbano Bonaerense, en Rosario y en Córdoba. Con el agravante de que estos agentes hacen una tarea para la que no están preparados. Y todo termina como el cuento de la manta corta”, definió Green en diálogo con Marcelo Fernández, en el programa “Con sentido común” que se emite por CNN Radio Rosario.

“Por la Hidrovía se trafica cocaína y marihuana, y en el montón de islas que existen se hacen trasvasamientos constantes de paquetería”, señaló después. Y opinó: “Las grandes cantidades de drogas se mueven a través de camiones por rutas y pasos autorizados. Esto es lo que me parece a mí, lo que dice mi experiencia, y por eso planteo por qué no se hacen controles en las rutas”.

Para Green, un tema clave para el control de las fronteras es el trabajo de inteligencia: “Hoy se trabaja con los ojos vendados por falta de inteligencia. Imagínese que a Carlos Monzón le hubieran vendado los ojos y lo subieran al ring: lo mataban a trompadas porque no sabría de dónde defenderse. Bueno, así estamos hoy nosotros en materia de inteligencia”.

“Detuvieron un velero en el que intentaban transportar 1.500 kilos de cocaína a Europa. Eso se descubrió por 4 años de inteligencia de la Procunar. Ése es el camino: hay que trabajar en inteligencia, esté el gobierno que esté”, añadió.

De su paso por la gestión pública recordó que al asumir como secretario de Fronteras “no existía la radarización”. Y abundó: “Había radares instalados pero no se usaban, y había también equipos embalados en cajas. Llegamos a usar esos radares de forma continua, 24/7, gracias a lo cual detectamos importante cantidad de naves entrando por cualquier lado con el motor apagado y en la llamada modalidad de bombardeo: tirando bolsas de droga”.

Luego apuntó un dato de relevancia en este rubro de la seguridad nacional: “Vivimos en el octavo país del mundo en extensión territorial, por lo que no es un tema menor el control de las fronteras. Nuestra soberanía empieza en la frontera. Me llama la atención cuando alguien dice ‘¿para qué querés un radar más si no hay hipótesis de conflicto?’. No es así. Más que hipótesis, estamos en conflicto. Hoy tenemos un conflicto permanente con la ocupación inglesa de las Malvinas Argentinas; tenemos un conflicto con la flota pesquera china; tenemos un conflicto con los falsos mapuches en la Patagonia. Ésa es la realidad”.

Entre los problemas que existen en los controles de fronteras, tanto aéreos como fluviales y terrestres, Green mencionó la superposición de organismos sin comando unificado. “En un mismo punto de control tenemos gente de Aduana, Prefectura, Migraciones, Sanidad, Transporte… puede haber hasta siete áreas distintas, de diferentes ministerios. Y ahí nadie manda, entonces es un despelote y un desorden total. Y hay que sumarle el desbalance pronunciado de los sueldos de esos trabajadores: un agente de Aduana puede cobrar hasta siete veces más que un agente de una fuerza de seguridad”.

Sobre la complejidad que significa el control de las fronteras, el exfuncionario contó algunas experiencias reveladoras: “Hay en el país alrededor de 200 pasos autorizados, tanto terrestres, aéreos y fluviales. En 2017, cuando estábamos en funciones, relevamos 820 pasos truchos. El NOA y el NEA son los lugares más perjudicados, pero también hay muchos de esos pasos truchos en la frontera con Chile”.

Y puso sobre la mesa también la problemática social de quienes viven en esa zona: “Los paseros, como se les llama, son chicos que cargan mochilas de hasta 70 kilos donde se supone que llevan ropa de marca adulterada. Pero a veces en esas mismas bolsas han pasado niños, por un tema de trata, y también llevan cocaína. Esa gente no tiene otra forma de subsistencia. Entonces, no se trata únicamente de reforzar la seguridad. Es una realidad que hay que abordar: desde Buenos Aires nos acordamos solamente de la frontera cuando entra un avión con iraníes y venezolanos”.