El río Paraná vuelve a ser escenario de encuentros peligrosos. En esta oportunidad, Andrea, una experimentada nadadora con casi 20 años de trayectoria en el lugar, fue víctima de múltiples mordeduras mientras realizaba su rutina de entrenamiento el pasado domingo a media mañana.
El ataque se produjo en el carril natatorio de 200 metros, un espacio delimitado específicamente para deportista. Según relató la víctima, el incidente no ocurrió en la orilla, sino mientras se encontraba nadando. "Siento el mordisco en el dedo, pataleo y, en cuanto veo que hay sangre, busco salir. En ese transcurso me muerde otra en la pierna izquierda", detalló la mujer, quien además percibió el roce de un pequeño cardumen en sus tobillos.
Protocolo de emergencia
Tras percibir las heridas en su dedo y rodilla, la mujer mantuvo la calma para evitar un cuadro de pánico en el agua y se dirigió hacia una zona donde hiciera pie. Realizó una señal de pedido de ayuda a los guardavidas, quienes activaron de inmediato el protocolo de asistencia. Afortunadamente, las lesiones no revistieron una gravedad mayor.
Una vida ligada al río Paraná
Para Andrea, el río Paraná representa mucho más que un lugar de entrenamiento. Tras un grave accidente que la mantuvo postrada durante cinco años, comenzó a nadar en aguas abiertas en 2006 como parte de su rehabilitación, siguiendo el consejo de su kinesiólogo: "Transformate en un atleta que entrena y dejá de ser un enfermo que rehabilita".
Pese al mal momento, la nadadora confirmó que quienes practican esta disciplina son conscientes de los riesgos. "No tuve miedo, pero los que nadamos sabemos a lo que nos exponemos", concluyó.
Recomendaciones ante la ola de calor
Las autoridades recomiendan a los bañistas y deportistas de la región extremar las precauciones ante el ascenso de la temperatura del agua, factor que suele incrementar la presencia y agresividad de las palometas en las costas de Argentina.