La vida en las grandes ciudades de Argentina, atravesada por el tránsito, las exigencias laborales y la hiperconectividad, suele impactar en el bienestar mental. En ese contexto, distintas corrientes de organización personal y productividad retomaron una filosofía japonesa tradicional conocida como kaizen, aplicada hoy a la vida cotidiana como una herramienta para reducir la resistencia a la acción y mejorar la constancia.
El concepto de kaizen —que significa “mejora continua”— fue desarrollado y difundido a nivel global por el especialista japonés Masaaki Imai, y se basa en la idea de que pequeños cambios sostenidos en el tiempo pueden generar mejoras significativas, tanto en ámbitos profesionales como personales.
En qué consiste el Kaizen Mental
La adaptación conocida como Kaizen Mental traslada esa filosofía al plano individual. Su principio central es dar el primer paso, por mínimo que sea, frente a una tarea que genera rechazo, cansancio o postergación. En lugar de enfocarse en grandes objetivos, propone iniciar con acciones simples y breves, fáciles de ejecutar.
Desde la psicología conductual, este enfoque se relaciona con estrategias que buscan reducir la barrera inicial para empezar una tarea, uno de los principales factores asociados a la procrastinación. Iniciar una acción pequeña permite disminuir la percepción de esfuerzo y facilita la continuidad.
Qué dice la neurociencia sobre las microacciones
Distintos estudios en neurociencia y psicología explican que completar tareas pequeñas activa el sistema de recompensa del cerebro, vinculado a la liberación de dopamina, un neurotransmisor asociado a la motivación y la sensación de logro.
Si bien no existen investigaciones clínicas que indiquen que una acción de “dos minutos” produzca por sí sola cambios estructurales en el cerebro, sí hay consenso en que la repetición de conductas simples y alcanzables puede reforzar hábitos positivos y mejorar la predisposición mental para continuar una actividad.
Este mecanismo es conocido como efecto acumulativo o “efecto bola de nieve”: un pequeño avance reduce la resistencia psicológica al cambio y aumenta la probabilidad de sostener la conducta en el tiempo.
Cómo aplicar el método en la vida cotidiana
La aplicación práctica del Kaizen Mental es sencilla y no requiere preparación previa. El primer paso consiste en identificar una tarea postergada y reconocer qué emociones despierta, como estrés, ansiedad o falta de motivación. Nombrar esas sensaciones ayuda a reducir su impacto.
Luego, el objetivo se fragmenta en microacciones concretas, pensadas para realizarse en muy poco tiempo: abrir un archivo, ordenar un elemento del escritorio, escribir una sola frase o levantarse de la silla. La clave está en enfocarse únicamente en empezar, sin exigirse completar la tarea.
Especialistas en hábitos coinciden en que el inicio suele ser el mayor obstáculo, y que una vez superado, la continuidad resulta más accesible. Como refuerzo, se recomienda asociar la acción a una recompensa inmediata, lo que contribuye a consolidar el hábito.
En Japón, la filosofía kaizen se enseña desde edades tempranas y se aplica tanto en ámbitos educativos como laborales. Si bien estas prácticas pueden contribuir a una mejor organización personal y a una reducción del estrés cotidiano, los profesionales de la salud mental advierten que no sustituyen tratamientos médicos ni psicológicos cuando el malestar es persistente o intenso.