Las denuncias de las exempleadas señalan que los abusos sexuales y el maltrato psicológico no ocurrieron de manera aislada, sino dentro de una estructura jerárquica interna que permitía y sostenía este tipo de conductas. Según los testimonios, superiores directas avalaban las situaciones y el miedo a perder el empleo funcionaba como un mecanismo de sometimiento.
Las mujeres describieron jornadas laborales de hasta 16 horas, ausencia de contratos formales, control constante sobre sus movimientos y presiones permanentes. En ese contexto, relataron episodios de contacto físico y situaciones sexuales sin consentimiento, aprovechando la relación de poder con el empleador. También mencionaron gritos, humillaciones, insultos y despidos arbitrarios cuando no se cumplían órdenes ajenas a sus funciones.
La investigación indica que las denunciantes aportaron mensajes, fotografías y testimonios coincidentes para respaldar sus acusaciones. Ambas explicaron que decidieron hacer públicos los hechos tras sufrir consecuencias emocionales severas, como depresión, angustia y deterioro psicológico, con el objetivo de prevenir que otras mujeres atraviesen experiencias similares.