En una decisión sin precedentes para el derecho local, la Justicia de Salta dictó un fallo que obliga a una de las partes de una pareja separada a abonar una cuota alimentaria destinada al cuidado de su perro. La resolución surge en un contexto donde las mascotas ocupan roles centrales en los hogares argentinos y establece que, ante una ruptura, quien no posee la tutela constante del animal debe contribuir económicamente con su manutención.
Según explicó la abogada Ana Paula Martorelli, este tipo de medidas busca garantizar la protección y el bienestar de las mascotas frente a la separación de sus convivientes. Al respecto, la especialista señaló que este fallo sienta precedentes porque el derecho reconoce a los animales como sujetos de derechos sintientes, vinculando este avance con el marco del derecho ambiental y la protección de la fauna.
El dictamen judicial no solo aborda el aspecto económico, sino que asimila el conflicto al de un proceso de familia tradicional. Esto implica que, además de la cuota, se pueden establecer regímenes de visitas para que ambas partes mantengan el vínculo con el animal, evitando situaciones de abandono o que la mascota sea entregada en adopción tras la ruptura.
¿Cómo se determina el monto de la cuota?
Uno de los puntos clave que establece este precedente es la forma en que se fija el aporte económico. Al igual que en el cuidado de los hijos, la Justicia evalúa el contexto y las necesidades específicas del animal. Para determinar la cifra, se consideran factores como:
- Alimentación: diferenciando los requerimientos según el tamaño y la raza.
- Gastos veterinarios: consultas, vacunas y posibles tratamientos médicos.
- Ingresos del aportante: el monto puede ser variable de acuerdo con los ingresos registrados de quien debe pagar la cuota.
El desafío de los alquileres y la tenencia
La doctora Martorelli destacó que uno de los mayores inconvenientes actuales en ciudades como Rosario, Buenos Aires o Córdoba es la dificultad de encontrar alquileres que acepten mascotas. Ante una separación, muchas veces quien se retira del hogar común se ve imposibilitado de llevar al animal por las restricciones habitacionales.
En ese sentido, indicó que la raíz principal en estos casos suele ser el lugar donde el animal ya estaba establecido por un reconocimiento del espacio. Esta problemática habitacional refuerza la necesidad de regular legalmente quién se queda con la mascota y cómo el otro integrante de la pareja debe colaborar con los gastos desde afuera del hogar.