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¿Se puede quebrar el pacto de silencio? Uno de los asesinos de Báez Sosa se muestra “desesperado y ansioso” en la cárcel

Ciro Pertossi es el más comprometido porque le dio la última patada en la cabeza a Fernando cuando ya estaba inconsciente. Su defensa se aferra a una prueba para evitar la prisión perpetua.
Por Telefe Rosario

¿Se puede quebrar el pacto de silencio? Uno de los asesinos de Báez Sosa se muestra “desesperado y ansioso” en la cárcel | Información General
Información General: ¿Se puede quebrar el pacto de silencio? Uno de los asesinos de Báez Sosa se muestra “desesperado y ansioso” en la cárcel

Ciro Pertossi, el acusado que pareciera más propenso a quebrarse por su actitud en prisión, fue paradójicamente el que envió el infame mensaje con el que empezó el pacto de silencio aquella fatídica madrugada en Villa Gesell: “Chicos, no se cuenta nada de esto a nadie”.

Era el 18 de enero de 2020 a las 6:06 AM y el rugbier ordenaba a su grupo de amigos, por WhatsApp, mantener el imposible secreto, luego de que asesinaran a golpes a Fernando Báez Sosa.

Él, junto a Máximo Thomsen son los principales acusados del homicidio, en carácter de coautores (el resto de los detenidos lo son como partícipes necesarios). A Ciro Pertossi el video que registra el hecho lo muestra pegándole a Fernando, ya desvanecido, una última patada en la cabeza. También fue el primero en escapar.

El jóven de 21 años es hijo de una docente y un jefe de la automotriz Toyota. Su hermano Luciano y su primo Lucas también están presos y son parte del macabro grupo de homicidas. Desde la Alcaidía N°3 Melchor Romero de La Plata relataron que “se exhibe desesperado y ansioso” en vistas al juicio oral que comenzará el próximo año.

La fiscal del caso, Verónica Zamboni, cuando lo imputó como coautor del delito de homicidio agravado por alevosía y por el concurso premeditado de dos o más personas, destacó que Pertossi “fue uno de los agresores directos de Fernando, que provocara su posterior deceso”.

Los más comprometidos

Ciro Pertossi y Thomsen son los más comprometidos de acuerdo a la carátula del caso, y los que se enfrentan a una pena de prisión perpetua. Por eso su preocupación (y su esperanza) es al menos no recibir una pena más alta que la de sus amigos.

En el requerimiento a juicio que hizo la titular de la Unidad Funcional de Instrucción N°6 de Villa Gesell en noviembre de 2020, finalmente elevado por el juez de Garantías David Mancinelli, se lo señala a Pertossi como “el sujeto que le pegó a Fernando cuando ya estaba en el piso, en su cabeza, cara y pecho”.

En lo dicho, sumado a la orden de silencio en el grupo de WhatsApp, se basa la fiscal Zamboni, para asegurar que existe “un planteo o pacto para guardar silencio entre ellos mismos sobre lo sucedido; corroborando ello la participación de todos en el hecho, como así también la total premeditación”.

La estrategia de la defensa

A dos años del asesinato de Fernando, la prueba a la que se aferra la defensa, principalmente de Pertossi y Thomsen, es la declaración de Diego Duarte, traumatólogo del Cuerpo Médico de la Policía Científica de Pinamar, quien redactó la autopsia.

En el informe de la autopsia realizada el 18 de enero de aquel año a las 12 del mediodía, Duarte precisó que el shock neurogénico que produjo el paro cardiorrespiratorio que originó el deceso fue producto de los golpes que Fernando Báez Sosa recibió en su cabeza.

Pero, justamente, los defensores de Pertossi buscarán acentuar durante el juicio lo que Duarte afirma en su presentación: “No se puede determinar cuál de todos los golpes y lesiones que describí en dicha zona fue el que le ocasionó el deceso”, ya que “todo el cuadro que presentaba culminó en el fallecimiento”. Entonces no habría una pena diferenciada porque no se puede confirmar quién fue el autor material en última instancia.

Además, otra queja de sus abogados es que los acusados “no declararon porque no quisieron, sino porque no contaron con un escenario propicio para hacerlo. Jamás les mostraron los videos ni les dijeron puntualmente a cada uno de qué se los acusa. Es decir, el grado de participación en el hecho”, explicó el defensor Hugo Tomei.

Los ocho rugbiers se alojan de a dos en cuatro celdas contiguas y permanecen 21 horas encerrados en ellas. “Salen únicamente para ver el sol. No existe un ‘cabecilla’, se los ve como a un grupo de amigos que se mueven en bloque. Están juntos, dialogan despacio y gesticulan poco”, dicen fuentes carcelarias.

El juicio oral se iniciará el 2 de enero de 2023.