Este 2 de marzo se cumplen 29 años desde que la vida de la familia Gentiletti cambió para siempre. En una jornada de calor agobiante, similar a una tarde de verano de 1997, Bruno Gentiletti, un niño de entonces 8 años desapareció sin dejar rastros en el predio de La Florida, en la zona norte de Rosario. A casi tres décadas del hecho, la incertidumbre persiste y el reclamo por justicia ante las negligencias iniciales sigue vigente.
Aquel domingo al mediodía, Bruno disfrutaba del río junto a sus padres y sus cuatro hermanos. Según los testimonios, el pequeño estaba jugando en un tobogán junto a uno de sus hermanos. Pocos minutos después, cuando su madre llamó a la familia para almorzar, Bruno ya no estaba.
Las primeras horas, consideradas críticas en cualquier caso de desaparición, estuvieron marcadas por fallas sistémicas y falta de protocolos. El informe actual revela que el comisario de la zona llegó a la Comisaría 10ª para tomar la denuncia recién 10 horas después de la desaparición, debido a que se disputaba el clásico de fútbol de la ciudad.
La búsqueda de Bruno Gentiletti enfrentó obstáculos definitivos desde el inicio. El entonces juez Edgardo Bistoletti se enteró de que la causa le había sido asignada recién el martes siguiente, 48 horas después del hecho. A pesar de las sospechas de la familia sobre un posible rapto, la justicia se inclinó inicialmente por la hipótesis de un ahogamiento, aunque las pruebas indicaban lo contrario. Años más tarde, se confirmó que nunca se dio aviso a Migraciones para evitar que el niño fuera sacado de Argentina, una omisión que la familia califica hoy como una "negligencia imperdonable".
El presente: Una búsqueda que no cesa
Hoy, Bruno sería un hombre de 37 años. En el marco de este nuevo aniversario, su tía Marisa compartió el sentimiento que atraviesa a la familia y explicó que les toca convivir con el misterio y un dolor que se abre cada tanto. Además, señaló que, si bien las posibilidades de búsqueda se van cerrando con el tiempo, siempre mantienen la esperanza y sueñan con el milagro de su regreso.
La tecnología y los sistemas de seguridad actuales, como el Alerta Sofía, el número 142 o el 911, no existían en 1997. "A nosotros esto nos dio fuerza de alguna manera para trabajar para que otros niños no pasen por lo mismo y para que esos mecanismos se activen y no sucedan esas negligencias", señalaron sus allegados.