La mechera ingresó al local y comenzó a esconder diversos objetos bajo su ropa.
Al percatarse de la maniobra, las empleadas del comercio reaccionaron rápidamente y bloquearon la puerta de salida, exigiéndole la devolución de los productos.
Ante la imposibilidad de escapar, la sospechosa reaccionó de manera agresiva, comenzó a golpear el monitor de la computadora del mostrador y forcejeó la cerradura de la puerta para huir.
Ante el temor de una agresión física, una de las trabajadoras debió tomar un elemento contundente (un hierro) para protegerse y disuadir a la mujer.
La mujer finalmente accedió a entregar la mercadería robada: se trataba de tres esponjas y trapos de limpieza, artículos de escaso valor económico. Una vez recuperados los elementos, las empleadas decidieron permitirle la salida a la mujer.
Las trabajadoras del comercio señalaron que, por su comportamiento errático y su nivel de agresividad, la mujer aparentaba estar bajo los efectos de sustancias estupefacientes.