La idea nació en los barrios del sur rosarino y llegó hasta Roma. La Liga Comunitaria de Fútbol, un proyecto social que utiliza el deporte como herramienta de inclusión y prevención de adicciones, fue presentada ante el Papa León XIV por uno de sus voluntarios, Ariel Malvestiti, durante una audiencia privada en el Vaticano.
La iniciativa reúne actualmente a nueve escuelitas de fútbol comunitarias que contienen a más de 180 chicos y chicas de entre 8 y 15 años. El eje del trabajo no es la competencia, sino la creación de espacios seguros que permitan sacar a los niños de la calle, alejarlos del consumo de sustancias y ofrecerles una alternativa basada en el juego, la convivencia y los valores.
El encuentro con el Papa se dio en el marco de un programa impulsado por el Movimiento de los Focolares, que reunió a jóvenes de distintos países para debatir problemáticas sociales y compartir experiencias territoriales. Allí, Malvestiti pudo acercarle al pontífice el trabajo que se realiza en Rosario y entregarle una gorra y un banderín representativos de la liga.
Desde la experiencia diaria en los barrios, el diagnóstico es preocupante. Según explicó el referente del proyecto, el consumo de sustancias aparece cada vez a edades más tempranas, incluso desde los 10 años, y atraviesa a familias enteras desde hace generaciones. En ese contexto, el fútbol aparece como un lenguaje común que permite atraer a los chicos y ofrecerles otra lógica distinta a la violencia y la exclusión.

“Hagamos escuelas de fútbol donde el objetivo no sea competir, sino divertirse y salir de la calle”, resumió Ariel Malvestiti al explicar la idea central que guía el trabajo territorial de la Liga Comunitaria de Fútbol. Las escuelitas funcionan como espacios de contención diaria, con al menos dos horas de actividad por jornada, lejos de las pantallas y de los riesgos que ofrece la calle.
Actualmente, el proyecto se sostiene gracias al trabajo voluntario y a aportes privados, aunque el desafío es ampliar la cobertura para responder a una demanda que no deja de crecer. Muchas de las escuelitas funcionan en parroquias, desde donde también se articula el acompañamiento espiritual y social de las familias.
“Donde entra el deporte, no entra la droga”. Bajo ese lema, una experiencia nacida en Rosario logró trascender fronteras y poner en agenda, incluso ante el Papa, una problemática urgente: la necesidad de invertir en la infancia como camino para construir un futuro distinto.