“Aproximadamente 1 de cada 3 niños y adolescentes en grandes ciudades es miope, con un incremento sostenido desde la década de 1990”, explicó el Dr. Esteban Travelletti (MN 104.355), integrante de la división Oftalmología del Hospital de Clínicas.
Entre los principales factores de riesgo se encuentran:
Tener uno o ambos padres miopes.
Exceso de trabajo de visión cercana (lectura, estudio, pantallas) sin pausas.
Poco tiempo al aire libre y escasa exposición a la luz natural.
Mala iluminación ambiental.
“El uso prolongado de dispositivos digitales como celulares y tablets es un factor de riesgo. Las pantallas actúan como grandes ‘imanes’ que atraen la atención de los niños durante horas”, señaló el especialista.
En Argentina, al igual que en otras grandes urbes como Buenos Aires, el estilo de vida urbano —con menos tiempo al aire libre— es un elemento que influye en esta tendencia.
Síntomas y señales de alerta
La miopía en niños suele manifestarse con:
Entrecerrar los ojos para ver de lejos.
Acercarse demasiado a libros o pantallas.
Dolores de cabeza y fatiga visual.
Bajo rendimiento escolar por dificultad para ver el pizarrón.
Posturas anormales de la cabeza para intentar enfocar.
Detectarla a tiempo es clave para evitar complicaciones y mejorar el desempeño escolar.
La importancia de los controles oftalmológicos
Aunque no es posible prevenir completamente la miopía, sí se puede retrasar su progresión. Por eso, los especialistas recomiendan controles oftalmológicos:
Al recién nacido.
A los 6 meses.
Al año.
A los 3 y 5 años.
Luego, de manera anual, especialmente si hay antecedentes familiares.
En niños con diagnóstico confirmado o en tratamiento, los controles pueden ser semestrales para ajustar la graduación y la estrategia terapéutica.
Además, la evidencia científica indica que pasar al menos dos horas diarias al aire libre ayuda a reducir el riesgo y enlentecer el avance. También se recomienda aplicar la regla 20-20-20: cada 20 minutos de visión cercana, enfocar durante 20 segundos un objeto ubicado a unos 6 metros o más.
Tratamientos y prevención
Actualmente existen estrategias clínicas para controlar la progresión, como:
Lentes oftálmicos o de contacto especiales.
Ortoqueratología.
Uso de atropina en dosis bajas.
Estos tratamientos deben ser indicados y monitoreados por un oftalmólogo.
Si no se controla adecuadamente, la miopía puede aumentar el riesgo de complicaciones a largo plazo como desprendimiento de retina, glaucoma, estrabismo y maculopatía miópica, cuya incidencia crece según el grado de miopía.
Mitos frecuentes sobre la miopía
Los especialistas también desmienten creencias comunes:
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“Las pantallas causan miopía por sí solas”: influyen, pero el problema central es el exceso de visión cercana sin pausas y la falta de aire libre.
“Los filtros de luz azul evitan el daño”: no mitigan el efecto del enfoque cercano sostenido.
“Usar anteojos empeora la miopía”: es falso; mejoran la calidad visual y no aceleran su progresión.
“No hay nada que hacer”: hoy existen terapias con evidencia científica para frenar su avance.
“La miopía es un desafío creciente para la salud ocular, pero no debe generar alarma si se la aborda de manera preventiva. Cuidar la salud visual de los niños es cuidar su aprendizaje y su desarrollo integral”, concluyó el especialista.

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