Un matrimonio inglés está siendo juzgado por la muerte de un bebé de un año que estaban tratando de adoptar y estaba bajo su cuidado provisoriamente.
Laura Castle, de 38 años, fue acusada de asesinato y su marido, Scott Castle, de 34, fue acusado de “causar o permitir la muerte de una persona”, luego de que el niño, Leiland-James Corkill fuera llevado de urgencia al hospital con una grave herida en la cabeza y muriera al día siguiente. El hecho sucedió en enero de 2021.
La primera versión que dió la mujer fue que el bebé se había caído accidentalmente de un sofá en su casa en Barrow-in-Furness, Cumbria. Pero los médicos que atendieron a Leilanden el nosocomio encontraron lesiones graves en su cabeza que no coincidían con el relato y dieron parte a la policía, que inició una investigación por asesinato.
Castle, de todas maneras, siguió sosteniendo que la muerte del menor fue un trágico accidente durante más de un año, hasta que la semana pasada admitió su homicidio involuntario en la víspera de su juicio en el Tribunal de la Corona de Preston-
Leiland había sido puesto al cuidado de la pareja en agosto de 2020. En el tribunal, la mujer contó lo difícil que fueron los primeros días con el bebé y los jueces vieron mensajes de texto en los que ella se refería al chiquito como una “mierda gorda”, entre otros insultos.
“Sacudí a mi hermoso niño. Solo quería que dejara de llorar”, dijo Laura y reconoció que lo hizo “con mucha fuerza”, al dar testimonio ante el jurado. Explicó que Leiland-James se golpeó la cabeza con el apoyabrazos del sofá y cayó de rodillas al suelo.
“Simplemente no podía soportar el llanto, luego me di cuenta de lo que había sucedido y pensé que estaba sin aliento. Lo levanté y sus manos estaban rígidas, luego se aflojaron”. Recién entonces llamó a una ambulancia.
Al ser consultada sobre sus intenciones en el momento en que sacudió a su hijo, la mujer dijo que ese día “simplemente perdió la cabeza”. También contó que luego le mintió a su pareja y a los médicos porque “entró en pánico”. “Estaba aterrorizada por las consecuencias de mis acciones y avergonzada”, declaró.
La mujer se declaró inocente de asesinato y crueldad infantil. Su marido también negó los cargos en su contra. El juicio sigue en los tribunales británicos.