Esta semana se registraron incendios en las islas del Delta del Paraná, frente a la ciudad de Rosario, que generaron humo visible en la región. Los focos lograron ser contenidos, pero especialistas advierten que el territorio sigue muy seco, con alta acumulación de vegetación, lo que facilita la propagación de nuevos incendios.
Durante un relevamiento realizado por un equipo de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) se constató que varias lagunas internas, que podrían actuar como cortafuegos naturales, se encuentran actualmente sin agua. Esta situación reduce la capacidad del ecosistema para frenar la propagación del fuego.
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Según la directora del Observatorio Ambiental de la UNR, Graciela Klekailo, la falta de agua y la acumulación de biomasa seca generan un escenario que favorece la aparición y expansión de incendios. “Está bastante seco todo. Hay mucha acumulación de vegetación seca. Hay un escenario favorable para que, si hay incendios, sea una situación difícil de controlar”, señaló.
El Delta del Paraná, en esta época, está atravesando un período de sequía marcado por el fenómeno La Niña, que ha contribuido a la rápida desecación de las lagunas internas. Las imágenes satelitales, entre ellas las del Servicio de Cambio Climático Copernicus de la Unión Europea, confirman la ausencia de focos de calor activos, aunque advierten sobre la vulnerabilidad del territorio frente a nuevos incendios.
El Servicio Provincial de Manejo del Fuego de Entre Ríos informó que se detectaron focos en áreas cercanas, lo que sugiere una posible intencionalidad detrás de las quemas. Desde el gobierno provincial recordaron que rige una prohibición para prender fuego en el Delta entrerriano desde el 1º de diciembre y que se extiende hasta el final de febrero. Las multas por infringir la norma pueden alcanzar cifras millonarias, calculadas según la superficie afectada, el tipo de vegetación y la reiteración de la infracción.
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Los incendios en las islas no solo generan daño ambiental sino que también representan un riesgo sanitario y económico para la región. Los humedales cumplen un papel clave en la mitigación del cambio climático, almacenando carbono y mejorando la resiliencia frente a eventos extremos. Sin embargo, su degradación continúa: se estima que el 22 % de los humedales globales se ha perdido desde 1970, y en América Latina esa cifra asciende al 59 %.
Especialistas recomiendan mantener un monitoreo constante del territorio, especialmente en febrero y marzo, meses de mayor calor, cuando la sequedad puede derivar en nuevos incendios de consideración.