El 10 de mayo marcó un antes y un después en la vida de Matías Bottoni. Con apenas 16 años, el nadador competía en la final del Campeonato Nacional de Natación cuando otro atleta se cruzó de carril de manera irresponsable y le provocó la fractura de la sexta vértebra. Desde ese momento, Matías quedó en silla de ruedas.
Por primera vez, eligió contar su historia ante las cámaras. Habla con honestidad, sin ocultar el dolor, pero también con una fortaleza que conmueve. “Elijo creer que me voy a recuperar. Si no creyera eso, no estaría haciendo nada”, dice, consciente de que este tipo de lesiones son inciertas y que ningún médico puede asegurar resultados.
Desde el accidente, Matías entrena alrededor de ocho horas diarias en un centro de rehabilitación. Gracias a ese esfuerzo logró recuperar la movilidad de sus brazos y, de manera parcial, la de sus manos. “Arrancar el día cuesta. Me despierto y es un bajón, pero trato de seguir adelante”, reconoce.
A pesar de todo, no dejó la escuela. Terminó el quinto año de la secundaria de manera virtual y rindió 18 materias libres. Sueña con estudiar Medicina, inspirado por su abuelo médico, y destaca el acompañamiento constante de su familia, su novia, sus amigos y las personas que le escriben mensajes de aliento.
Hoy, la esperanza está puesta en un tratamiento en Barcelona, más avanzado desde el punto de vista científico y tecnológico, que podría acelerar su recuperación. El costo es elevado: alrededor de 15.000 euros mensuales, además de los gastos de viaje y estadía. Por eso, su familia impulsa la campaña “Todos por Mati”, que busca reunir fondos para que pueda acceder a esta oportunidad.
Colaborar es posible de distintas maneras: difundiendo la historia, enviando mensajes de apoyo o comunicándose al 341 681 6126 para sumarse a la campaña solidaria. Matías no promete milagros, pero sí algo claro: nunca va a bajar los brazos.