Aunque el planeta Tierra está cubierto en aproximadamente un 70% por agua, más del 80% del océano permanece sin explorar, sin observar directamente o sin cartografiar en alta resolución, según datos difundidos por organismos internacionales dedicados a la investigación marina.
El dato implica que la humanidad conoce con mayor precisión la superficie de la Luna o de Marte que amplias zonas del fondo oceánico terrestre.

Por qué es tan difícil explorar el océano
Las razones son principalmente físicas y tecnológicas. A medida que aumenta la profundidad:
La presión se vuelve extrema, capaz de aplastar estructuras convencionales.
La luz solar desaparece a pocos cientos de metros.
Las temperaturas descienden drásticamente.

La zona más profunda conocida es la Fosa de las Marianas, en el océano Pacífico, que alcanza cerca de 11.000 metros de profundidad. Solo un número muy reducido de misiones tripuladas y vehículos robóticos logró llegar a ese punto.
Gran parte del mapeo actual del lecho marino se realiza mediante sistemas de sonar satelital e instrumentos acústicos, pero solo una fracción fue observada visualmente en detalle.
El océano como regulador del planeta
Más allá del misterio, el mar cumple funciones esenciales:
Produce más del 50% del oxígeno del planeta, gracias al fitoplancton.
Absorbe cerca del 30% del dióxido de carbono generado por la actividad humana.
Regula la temperatura global mediante corrientes marinas.

En Argentina, el Mar Argentino y la extensa plataforma continental representan una de las áreas marítimas más importantes del Atlántico Sur, tanto por biodiversidad como por actividad pesquera y científica.
Curiosidades científicas sobre el mar
El océano es uno de los entornos más sorprendentes del planeta. Algunos datos respaldados por investigaciones científicas muestran su dimensión:
Existen montañas submarinas más altas que el Everest, aunque permanecen bajo el agua.
La cordillera oceánica —el sistema de montañas submarinas que recorre el planeta— es la estructura geológica más larga del mundo.
Se descubrieron ecosistemas completos alrededor de fuentes hidrotermales, donde la vida no depende de la luz solar sino de reacciones químicas.
En las profundidades habitan especies que producen bioluminiscencia, es decir, generan su propia luz.
Algunas criaturas del océano profundo pueden soportar presiones miles de veces superiores a las de la superficie.
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Sonidos y misterios marinos
El océano también es un universo acústico. Las ballenas pueden comunicarse a distancias de cientos de kilómetros bajo el agua, ya que el sonido viaja más rápido en el medio marino que en el aire.
En distintos momentos se registraron sonidos submarinos inusuales que luego fueron atribuidos a fenómenos naturales, como movimientos de hielo, actividad volcánica submarina o desplazamientos tectónicos.
Biodiversidad aún desconocida
Los científicos estiman que gran parte de las especies marinas todavía no fueron descubiertas ni clasificadas. Cada nueva expedición a zonas profundas suele revelar organismos desconocidos para la ciencia.
En el Atlántico Sur, frente a la costa de Buenos Aires, Patagonia y Tierra del Fuego, se realizaron en los últimos años campañas de investigación que identificaron nuevas especies y ecosistemas vulnerables.

El dato de que más del 80% del océano sigue sin explorar no es solo una curiosidad estadística. Refleja un límite tecnológico y científico.
Mientras la humanidad planifica misiones a Marte y desarrolla telescopios para estudiar galaxias lejanas, el fondo marino continúa siendo uno de los grandes territorios pendientes del conocimiento humano.
El océano, vasto y profundo, sigue guardando secretos que podrían cambiar lo que sabemos sobre la vida en la Tierra.