El fotógrafo de la memoria en España: Retratando las fosas de Granada con una cámara de los años 40

Francisco de Asís Carrión Jiménez, Licenciado en Sociología, Máster en Filosofía Contemporánea y Doctorando en Ciencias Sociales en la Universidad de Granada, recupera el pasado a través de exhumaciones y fotografías analógicas. Un relato íntimo sobre el dolor de las familias y la urgencia de romper el silencio


10 feb, 2026 10:17
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Curiosidades: El fotógrafo de la memoria en España: Retratando las fosas de Granada con una cámara de los años 40

A finales de 2020 se me propuso participar como sociólogo en un proyecto que terminaría por llamarse Barranco de Víznar. Lugar de Memoria. Durante dos meses se abrirían las fosas comunes localizadas en 2013 en este paraje granadino. El equipo necesitaba a algún técnico que realizara entrevistas a las familias que, casi cinco décadas después de la muerte del dictador, aún no habían podido encontrar a las víctimas.

Conocía la dificultad del cometido. Mi propio padre, Paco Carrión, profesor de la Universidad de Granada, llevaba dedicándose a ello desde la década de 2010. Mi formación como licenciado en Sociología y mi estudio previo sobre la represión tras el golpe de Estado de 1936, hicieron que el proyecto me interpelara de manera profunda.

En marzo de 2021, comenzó la primera campaña de exhumaciones. El tránsito de la teoría a la práctica, sin embargo, no fue en absoluto sencillo.

Sobre las familias y las víctimas

Fue mi primer contacto con las familias que buscaban a los cientos de civiles secuestrados, torturados, asesinados y ocultados. Comencé a reconocer emociones familiares: ilusión, gratitud y una tristeza profunda; un dolor ancestral donde pasado y presente se superponen.

Recopilar y visibilizar las historias de las víctimas fue mi ocupación principal. Pese a mi experiencia técnica, no estaba preparado para encuentros de esta naturaleza. Una de mis primeras entrevistas fue con los sobrinos de Antonio Jiménez Merino, víctima desaparecida en el Barranco.

Antonio tenía 43 años. Le partieron los brazos y le cortaron la lengua por no delatar a nadie. Días después, la familia supo que había sido asesinado en Víznar.

Este testimonio da cuenta de sistemas de violencia ejercidos contra población civil ampliamente desconocidos o trivializados, y de heridas abiertas que siguen atravesando el Estado español sin haber recibido reparación.

¿Quiénes eran las personas arrojadas a las fosas del Barranco de Víznar?

En una de las entrevistas, Rafael Cano Guervós, nieto de Rafael Guervós Cantano (maestro asesinado), me pidió leer la carta de despedida de su abuelo: “Muero inocente y mártir... que siempre sepan que su padre fue persona digna y honrada”.

Pensar en las víctimas de Víznar —Rosario Fregenal, la cenetista Madre Carmela, Antonio María García Martín, entre tantas otras— es pensar en personas asesinadas por sus ideas políticas, por su activismo sindical o por un azar fatal.

Hasta hoy he registrado las voces de más de un centenar de familiares. Ninguno reclama nada más que recuperar los restos de sus seres queridos y darles un entierro digno.

Los trabajos en el Barranco

He participado en la excavación de fosas y la exhumación de restos, alternando el ejercicio sociológico con el trabajo manual. Bajo pocos centímetros de tierra se esconden las expresiones más extremas de brutalidad humana en forma de una arquitectura de restos óseos superpuestos, despersonalizadoras y crueles.