A muchas personas les resulta enternecedor ver muestras de afecto entre otros, pero cuando se trata de expresar cariño en público, aparece una barrera difícil de atravesar. Esta incomodidad no significa falta de sentimientos ni desinterés, sino una forma particular de vincularse que suele estar atravesada por la personalidad, la historia personal y el contexto social.
Uno de los factores más frecuentes es la introversión. Quienes tienen este rasgo suelen vivir las emociones como algo íntimo y privado, por lo que las demostraciones públicas de afecto pueden resultar invasivas o forzadas. En estos casos, no se trata de un problema a corregir, sino de una manera distinta de expresar el vínculo.

El estilo de crianza también cumple un rol importante. Crecer en familias donde el contacto físico o las expresiones emocionales no eran habituales puede influir en la forma en que una persona se muestra afectuosa en la adultez. Diversos estudios señalan que los modelos aprendidos en la infancia tienden a reproducirse, aunque esto no ocurre de manera automática ni en todos los casos.
Otra explicación posible es la alexitimia, un rasgo psicológico que implica dificultad para identificar y expresar emociones. No supone ausencia de sentimientos, sino problemas para reconocerlos y comunicarlos, lo que puede generar distancia emocional en situaciones sociales.
También influye el modo en que cada persona expresa el afecto. El modelo de los lenguajes del amor, desarrollado por el terapeuta Gary Chapman, sostiene que no todos demuestran cariño a través del contacto físico. Algunas personas priorizan las palabras, el tiempo compartido, los actos de servicio o los regalos. Si el contacto no es el lenguaje predominante, las demostraciones públicas pueden resultar incómodas.

El miedo al juicio social es otro factor clave. Experiencias negativas previas, burlas o críticas pueden generar ansiedad y hacer que el afecto en público se perciba como una exposición innecesaria. En estos casos, la incomodidad funciona como un mecanismo de protección.
Las normas culturales y sociales también condicionan estas conductas. En algunas culturas, las demostraciones públicas de afecto no son bien vistas, y esas creencias suelen mantenerse incluso al cambiar de entorno. Además, persisten mandatos sociales, como la idea de que los hombres deben ser menos demostrativos, lo que impacta en la forma de expresar emociones.
Superar esta incomodidad no implica obligarse a cambiar, sino comprender su origen. Identificar emociones, cuestionar miedos, empezar con pequeños gestos no físicos y, si es necesario, buscar acompañamiento profesional son estrategias habituales para quienes desean trabajar este aspecto.
No mostrar cariño en público no es un defecto ni un problema en sí mismo. Cada persona expresa afecto a su manera, y los vínculos sanos se construyen desde el respeto por esas diferencias, sin necesidad de demostrarlas frente a los demás.