27 feb, 2026 16:36
“Estoy desbordada”, “no puedo más”, “todo se junta”. Estas expresiones, tan frecuentes en consultorio como en la vida cotidiana, reflejan una realidad ineludible: el estrés no es una anomalía, es parte de la experiencia humana. Lo que sí marca una diferencia profunda es la manera en que decidimos posicionarnos frente a él.
“No podemos eliminar los desafíos, pero sí desarrollar recursos internos para transitarlos sin quebrarnos. Evitar puede dar alivio inmediato; afrontar, en cambio, construye fortaleza emocional y confianza en la propia capacidad de respuesta”, apunta la psicóloga, psicoterapeuta cognitivo-conductual y especialista en trauma psíquico (EMDR), Sabina Alcarraz.
La trampa de evitar lo incómodo
Muchas personas sostienen —sin notarlo— la creencia de que postergar o esquivar un problema reduce el malestar. A corto plazo puede parecer cierto, pero “a largo plazo debilita la autoestima y refuerza la idea de incapacidad”, señala Alcarraz, experta en autoestima y pionera en psicoestética en Uruguay y América Latina. Y agrega: “Cada situación enfrentada, incluso con miedo, fortalece la percepción de eficacia personal. No se trata de no sentir temor, sino de no permitir que el temor decida por nosotros”.
El diálogo interno: el primer campo de batalla
Ante una situación crítica, la mente suele inclinarse hacia pensamientos extremos: “todo va a salir mal”, “no voy a poder”, “si fallo, se derrumba todo”. “Este tipo de discurso interno no solo aumenta la ansiedad, sino que bloquea la acción. Entrenar un pensamiento realista y orientado a soluciones no implica negar la dificultad. Significa aceptar el problema y enfocarse en lo posible. La perfección no es un requisito para avanzar; la acción consciente sí lo es”, indica Alcarraz, quien además es conferencista internacional,
“Modificar la forma en que pensamos impacta directamente en cómo actuamos y, en consecuencia, en los resultados que obtenemos”, afirma la especialista que brinda charlas, talleres y seminarios en América Latina y Europa donde aborda temas como autoestima, regulación emocional, trauma, bienestar integral y la relación entre imagen personal y salud mental..
Emociones intensas: reconocer para regular
El estrés activa emociones potentes: miedo, enojo, frustración, tristeza. Sentirlas no es el problema; “el riesgo aparece cuando las negamos o cuando se vuelven permanentes”, según Alcarraz, quien aconseja:
El primer paso es nombrar lo que sentimos. Ponerle palabras a la emoción reduce su intensidad.
Luego, aceptar que esa emoción es comprensible en ese contexto.
Finalmente, permitir que transite sin que se instale como un estado crónico.