La ciudad despertó este sábado envuelta en esa atmósfera espesa que solo el verano litoraleño sabe construir. Desde temprano, el sol comenzó a ganar terreno sobre un cielo algo nublado, pero el verdadero protagonista de la jornada es la humedad. Con un registro del 78%, el aire se siente denso y la sensación térmica se vuelve el tema de conversación obligado en cada vereda.
Según los datos del Servicio Meteorológico Nacional, el termómetro escalará hasta los 32°C. Es un día de calor seco ausente; aquí el clima abraza con fuerza, marcando una continuidad en esta racha de marcas térmicas elevadas que viene atravesando la región. La buena noticia para quienes planeaban actividades al aire libre es que las nubes solo están de paso: la probabilidad de lluvias es nula.
Ante este escenario sofocante, la clave del día pasa por el cuidado personal. Los especialistas sugieren no subestimar la intensidad del sol, especialmente en las horas centrales. La receta para sobrellevar la tarde es simple pero fundamental: agua siempre a mano, ropa liviana y tratar de habitar esos refugios de sombra o espacios bien ventilados que ofrece la ciudad.
El alivio, al menos en cuanto a números, llegará recién con la caída del sol. Se espera que hacia la noche la temperatura descienda hasta los 26°C, permitiendo un cierre de jornada algo más estable, aunque dentro de un contexto de calor persistente que no parece dar tregua en el corto plazo.
Es, en definitiva, un sábado ideal para bajar el ritmo. Entre el río, los parques o el interior de las casas, el plan más inteligente hoy es disfrutar de la tranquilidad y evitar esfuerzos innecesarios mientras Rosario espera que la pesadez del ambiente ceda un poco.