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Casi la mitad de los jóvenes sufre riesgo de trastornos alimentarios por uso intensivo de redes sociales
Un estudio del Departamento de Dietética de la Facultad de Salud Pública de Bytom reveló que el 47% de los jóvenes de entre 16 y 25 años está en riesgo de desarrollar un trastorno de la conducta alimentaria, impulsado por el uso intensivo de redes sociales y la exposición a modelos corporales irreales. La presión estética que circula en las plataformas digitales incrementa la insatisfacción corporal y promueve conductas alimentarias nocivas, encendiendo una alarma en el Día Internacional de la Lucha contra los TCA.
Un estudio del Departamento de Dietética de la Facultad de Salud Pública de Bytom reveló que el 47% de las personas de entre 16 y 25 años presenta riesgo de desarrollar un trastorno de la conducta alimentaria, una problemática vinculada al uso intensivo de redes sociales y a la exposición constante a modelos corporales irreales. Según la investigación, la hiperconexión potencia la insatisfacción con el propio cuerpo y promueve comportamientos alimentarios dañinos.
La comparación permanente con cuerpos idealizados —sostenidos por filtros, retoques y algoritmos que priorizan la perfección— incrementa el malestar corporal y favorece conductas de riesgo en adolescentes y jóvenes. En el marco del Día Internacional de la Lucha contra los Trastornos de Conducta Alimentaria (TCA), el informe advierte sobre el deterioro del vínculo que las nuevas generaciones mantienen con su imagen personal.
La presión estética ya no aparece en momentos aislados: se activa cada vez que se abre una aplicación, se scrollea o se publica una foto. La maestra en ciencias mexicana Ana María Balboa Verduzco también alerta —según un cable de Xinhua— que la exposición continua a estereotipos irreales y contenido distorsionado sobre la apariencia física es hoy uno de los factores de riesgo más preocupantes para el desarrollo de TCA entre jóvenes y adolescentes.
Este “espejo digital”, en el que los cuerpos son comparados y evaluados, no es neutral y tiende a amplificar el malestar. Para María Aldana Peretti, licenciada en Nutrición de Boreal Salud, muchos TCA surgen como intentos desesperados de recuperar un sentido de control corporal y personal frente a un entorno que exige perfección y genera un vacío profundo.
Las consecuencias no se limitan a la autoestima: pueden alterar la relación con la comida, el ejercicio y el propio cuerpo. Entre las señales de alerta se encuentran saltarse comidas, comer a escondidas, contar calorías de manera obsesiva, realizar ejercicio compulsivo o evitar espacios sociales donde haya comida. Los TCA no son una etapa ni una decisión voluntaria, sino enfermedades graves que requieren acompañamiento clínico y emocional.
Desde Boreal Salud subrayan que la intervención temprana resulta fundamental. No se trata solo de modificar la alimentación o recuperar peso, sino de reconstruir un vínculo seguro con el cuerpo y la comida, un proceso que demanda tiempo, contención y un entorno que no juzgue.
La prevención comienza por transformar la forma en que se habla del cuerpo: dejar de asociarlo al valor personal, cuestionar los mensajes que equiparan belleza con delgadez o musculatura extrema y fomentar espacios que respeten la diversidad corporal. También implica revisar el uso que se hace de las redes: tomar pausas, identificar lo que es construido y recordar que ninguna imagen refleja la totalidad de la vida de una persona.