La madrugada del 27 de junio fue un trago más que amargo para Juan Carlos. La vida de sus hijos, su esposa y la propia estuvo en serio peligro cuando explotó la caldera del laboratorio Apolo, lindero a su vivienda, dejando a la familia entre los escombros de la destrucción.
El hombre, que hoy se recupera favorablemente y pudo dejar la terapia intensiva, ingresó al nosocomio con el 55 por ciento de su cuerpo quemado, heridas en todo su cuerpo y síndrome de aplastamiento.