La salud mental se convirtió en uno de los temas más analizados a nivel mundial después de la pandemia. Aunque durante años fue un tema poco visibilizado, hoy existe una creciente preocupación por el aumento de cuadros de ansiedad, agotamiento emocional, depresión y dificultades para sostener vínculos saludables, especialmente entre jóvenes y adolescentes.
Actualmente, más de 80 países trabajan en investigaciones y estudios para identificar cuáles son las causas detrás de este deterioro del bienestar emocional. Entre los factores que más se repiten aparecen el uso excesivo de pantallas, los cambios en los vínculos sociales, la alimentación, la pérdida de espacios de espiritualidad o pertenencia y el impacto de las dificultades económicas.
Uno de los puntos que más inquieta a especialistas y organismos internacionales es el acceso cada vez más temprano a los dispositivos móviles. En Argentina, distintos estudios advierten que niñas, niños y adolescentes comienzan a utilizar celulares con internet antes de los 10 años y mantienen un contacto diario con redes sociales y plataformas digitales.
El fenómeno no solo modifica hábitos sociales y formas de comunicación, sino también rutinas básicas vinculadas al descanso. Dormir mal, descansar menos horas y permanecer conectados durante gran parte del día son algunas de las situaciones que aparecen asociadas al cansancio mental y al agotamiento emocional.
Además, especialistas advierten sobre los efectos de la hiperconectividad constante, la sobreexposición a contenidos y la presión social que generan las redes, especialmente en edades tempranas.
En ese contexto, la directora de Fundar, María Migliore, analizó cómo cambiaron las formas de relacionarse y atravesar el estrés cotidiano después de la pandemia. Según explicó, existen cuatro factores centrales que ayudan a entender el deterioro de la salud mental: la calidad de los vínculos sociales, el acceso a las pantallas, la alimentación y la pérdida de espiritualidad o sentido de pertenencia.

A pesar de este escenario, Argentina aparece bien posicionada en un aspecto clave: la calidad de los vínculos sociales. Para muchos especialistas, los espacios de encuentro, las relaciones cercanas y las redes de contención continúan siendo una herramienta fundamental para afrontar el desgaste emocional y reducir el aislamiento.
La problemática ya ocupa un lugar central en debates de salud pública, educación y tecnología en distintos países, mientras crece la discusión sobre cómo equilibrar el uso de las redes sociales, mejorar los hábitos cotidianos y fortalecer los vínculos en una sociedad cada vez más atravesada por las pantallas.