Aunque se habla de “sabor picante” en la comida, la ciencia aclara que en realidad el picante no es un sabor, sino una sensación de dolor químico. Los cinco sabores reconocidos por la lengua son: dulce, salado, ácido, amargo y umami, mientras que lo que sentimos al comer ajíes, pimientos picantes o salsas fuertes proviene de una reacción diferente.
La sustancia responsable del picante, como la capsaicina, activa receptores llamados TRPV1, presentes en la lengua y la boca. Estos receptores detectan calor y daño potencial, enviando señales al cerebro que interpretamos como ardor, quemazón o irritación. Esta reacción explica por qué algunas personas sienten el picante de manera intensa y otras apenas lo perciben.
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Curiosamente, aunque se trata de una señal de dolor, muchas personas disfrutan del picante. Esto se debe a que el cerebro, al recibir la señal de irritación, libera endorfinas, generando una sensación de placer y euforia similar a la que se experimenta tras hacer ejercicio o reír.
Este fenómeno explica por qué el picante es tan popular en distintas culturas de Argentina y el mundo, desde la salsa picante en comidas caseras hasta los ajíes en recetas regionales: el cerebro interpreta la sensación de ardor como algo estimulante y placentero, aunque no sea un sabor real.
En síntesis, la próxima vez que sientas picante, recordá que no estás probando un sabor, sino experimentando una forma de dolor químico controlado que tu cuerpo convierte en placer.
