La idea de que el corazón humano puede seguir latiendo fuera del cuerpo suele generar impacto y asombro. Aunque parezca una escena de ficción, la ciencia confirma que este fenómeno es real, siempre que se den condiciones médicas muy específicas y por un tiempo limitado.
El corazón no necesita una orden directa del cerebro para latir. Su ritmo se origina en una estructura interna llamada nodo sinoauricular, conocido como el marcapasos natural del corazón, que genera impulsos eléctricos de manera autónoma. Gracias a este sistema, el músculo cardíaco puede seguir contrayéndose incluso cuando está separado del cuerpo.

Por este motivo, en cirugías cardíacas, trasplantes de corazón y estudios médicos, los especialistas han observado que el corazón puede continuar latiendo durante algunos segundos o minutos fuera del organismo, siempre que conserve oxígeno o sea mantenido en condiciones controladas.
Los expertos aclaran que no se trata de un latido indefinido. Sin irrigación sanguínea ni aporte de oxígeno, la actividad eléctrica del corazón se detiene rápidamente. Es decir, no puede funcionar por sí solo de manera prolongada.

Además de esta capacidad, el corazón humano presenta otras curiosidades científicamente comprobadas:
Late alrededor de 100.000 veces por día, lo que equivale a más de 35 millones de latidos por año.
Bombea cerca de 7.000 litros de sangre diarios, recorriendo miles de kilómetros a través de arterias y venas.
Puede acelerar o desacelerar su ritmo en respuesta a emociones como el miedo, la alegría o el estrés.
Comienza a latir antes de que el cerebro esté completamente formado, durante las primeras semanas del desarrollo embrionario.
Tiene su propio sistema eléctrico, independiente del sistema nervioso central, una característica poco común entre los órganos del cuerpo.
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Estas particularidades explican por qué el corazón sigue siendo uno de los órganos más estudiados por la medicina. Su funcionamiento autónomo, su resistencia y su capacidad de adaptación lo convierten en una pieza clave para la vida humana.