Aunque la NASA es conocida por sus misiones espaciales, también ha investigado cómo el sueño influye en la productividad. Durante estudios realizados en las décadas de 1980 y 1990 con pilotos y tripulantes, se analizaron los efectos de siestas de diferente duración en la vigilancia, la concentración y la toma de decisiones.
El resultado fue revelador: quienes dormían aproximadamente 26 minutos mostraban mejoras significativas en su estado de alerta y desempeño cognitivo en comparación con quienes no descansaban. Este tiempo permite permanecer en sueño ligero, evitando entrar en fases profundas que dificultan despertar y generan confusión.
¿Por qué 26 minutos y no más?
La clave está en evitar el sueño profundo. Una siesta más larga, especialmente superior a los 30 minutos, puede provocar un efecto contrario: sensación de cansancio y somnolencia conocida como inercia del sueño.
Los expertos también recomiendan que la siesta se tome entre la 1 p. m. y las 3 p. m., cuando nuestro ritmo biológico experimenta una caída natural de alerta. De esta manera, se logra un descanso efectivo sin afectar la calidad del sueño nocturno.
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Cómo aprovechar tu siesta al máximo
Dormir 26 minutos parece simple, pero muchas personas tardan en conciliar el sueño o se ven interrumpidas por el entorno. Para mejorar la experiencia, los especialistas sugieren:
Protegerse de la luz con máscaras o cortinas.
Reducir ruidos con tapones o auriculares de cancelación de sonido.
Evitar pantallas justo antes de acostarse.
Practicar respiración profunda o técnicas de relajación.
Configurar una alarma para no exceder los 30 minutos.
Incluso si no lográs dormirte de inmediato, simplemente romper con la rutina diaria y recostarte unos minutos aporta beneficios al cuerpo y la mente.

Una estrategia para la vida cotidiana
Si bien una siesta corta no reemplaza la noche de sueño, puede ser una herramienta útil en entornos laborales, académicos o profesionales donde la fatiga mental afecta el rendimiento y aumenta el riesgo de errores. Dormir unos minutos estratégicos permite recargar energías y mejorar la concentración, siempre respetando la duración óptima.
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La NASA nos enseñó que incluso un descanso breve puede tener un impacto real en nuestra productividad y bienestar. Una siesta de 26 minutos es un pequeño hábito con grandes beneficios, que ayuda a mantener la mente alerta y lista para enfrentar el día.