La muerte es un proceso complejo que implica cambios progresivos en el cerebro y el sistema nervioso. Los estudios de neurociencia y cuidados paliativos permiten identificar algunos de los fenómenos que ocurren en los últimos momentos de la vida.
Menos conciencia y más sueño
En la fase final, el cerebro recibe menos oxígeno y glucosa, lo que reduce la actividad neuronal. Como resultado, muchas personas hablan poco o nada, duermen la mayor parte del tiempo y tienen respuestas limitadas. Este es uno de los signos más comunes observados por médicos y especialistas en cuidados paliativos.

Memoria y tiempo: lo que se pierde
La disminución de la actividad en el hipocampo y la corteza prefrontal provoca fallas en la memoria y una alteración en la percepción del tiempo. Los pacientes pueden dejar de reconocer momentos recientes o perder la noción de horas y días.
Experiencias subjetivas: luces y visiones
Algunas personas reportan ver luces brillantes o familiares fallecidos en sus últimos instantes. Los científicos explican que estas experiencias pueden deberse a cambios eléctricos y químicos en el cerebro, como la liberación de neurotransmisores o la falta de oxígeno. Sin embargo, no hay manera de verificar que estas percepciones correspondan a una realidad externa, por lo que siguen considerándose subjetivas.

Disminución del dolor
Contrario a la creencia común, el dolor físico puede disminuir en los últimos momentos gracias a la liberación de endorfinas naturales, los analgésicos producidos por el cerebro. Esto se combina con la reducción de la conciencia, que atenúa la percepción del sufrimiento.
Sensación de calma: frecuente pero no universal
Muchas personas parecen experimentar tranquilidad o paz, aunque no todos lo sienten. Los especialistas destacan que esto puede estar relacionado con la desconexión de los circuitos cerebrales asociados al estrés y la alerta, pero cada proceso de muerte es único y depende de múltiples factores físicos y emocionales.

Qué dice la ciencia y qué sigue siendo un misterio
Lo que sí está verificado: la disminución de conciencia, alteraciones en la memoria, cambios en la percepción del tiempo y reducción del dolor.
Lo que no puede comprobar la ciencia: el significado de visiones, sensaciones espirituales o luces que algunos pacientes reportan.
La investigación continúa, y aunque los mecanismos cerebrales pueden explicarse cada vez con mayor detalle, las experiencias personales siguen siendo profundamente subjetivas y únicas.
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