Colocar sal en un recipiente con agua, ubicarla en distintos espacios del hogar o utilizarla durante el baño son prácticas frecuentes dentro de los llamados rituales de limpieza energética. Para algunas personas representan una forma de renovación espiritual; para otras, una costumbre heredada. Pero ¿qué explicación ofrece la ciencia sobre estos usos?
La sal: qué propiedades están comprobadas
Desde el punto de vista científico, la sal —conocida químicamente como cloruro de sodio (NaCl)— es un mineral con funciones bien definidas. Es esencial para el organismo humano, ya que interviene en procesos como el equilibrio de líquidos, la transmisión de impulsos nerviosos y la contracción muscular.
Además, la sal es utilizada como conservante y agente antimicrobiano, debido a su capacidad para inhibir el crecimiento de microorganismos en alimentos y superficies. Estas propiedades están ampliamente documentadas y comprobadas por la química y la biología.
¿La sal puede limpiar “energías negativas”?
Desde la ciencia, la respuesta es clara: no existe evidencia científica que demuestre que la sal pueda absorber, eliminar o transformar energías negativas, ni que tenga la capacidad de atraer prosperidad o bienestar en un sentido energético o espiritual.
Conceptos como “energía negativa”, “vibraciones” o “armonización energética” no forman parte de las definiciones científicas de energía, que se refieren a magnitudes físicas medibles, como la energía térmica, eléctrica o química.
El rol de la mente y los rituales
Aunque estos rituales no tienen un efecto energético comprobable, la psicología explica por qué muchas personas experimentan sensaciones reales de alivio, calma o bienestar al realizarlos.
Los rituales simbólicos pueden funcionar como:
Momentos de pausa y reflexión
Estrategias para reducir el estrés
Formas de ordenar el entorno y las emociones
Este fenómeno se vincula con el efecto placebo y con la necesidad humana de generar sentido y control en situaciones de incertidumbre o cambio.
Baños de sal y sensación de bienestar
Algo similar ocurre con los baños de sal. Si bien no producen una “limpieza energética” desde un enfoque científico, el contacto con agua tibia, sumado a un momento de relajación, puede contribuir a disminuir la tensión física y mental, generando una percepción subjetiva de bienestar.
Curiosidades sobre la sal
Más allá de los rituales y creencias populares, la sal tiene una historia y características que sí están respaldadas por datos comprobables:
Es uno de los minerales más antiguos utilizados por la humanidad, tanto en la alimentación como en la conservación de alimentos.
Fue un bien de alto valor económico: en la antigüedad, en algunas culturas se utilizó como forma de pago, origen de la palabra “salario”.
El organismo humano necesita sal para funcionar, ya que el sodio cumple un rol clave en la transmisión de impulsos nerviosos y el equilibrio de líquidos.
Es un conservante natural, porque limita el crecimiento de bacterias al reducir la disponibilidad de agua en los alimentos.
Existen distintos tipos de sal, como la fina, gruesa, marina o de roca, pero todas comparten la misma base química: cloruro de sodio.
En pequeñas cantidades, potencia sabores y puede reducir la percepción de amargor en los alimentos.
El consumo excesivo de sal está asociado a problemas de salud, como el aumento de la presión arterial, motivo por el cual se recomienda moderar su ingesta.