La conexión entre el cerebro y el estómago
Cuando sentimos atracción, miedo o ansiedad, el cerebro libera adrenalina y norepinefrina, neurotransmisores que preparan al cuerpo para la acción. Estos compuestos afectan al sistema nervioso autónomo y generan cambios en distintas partes del cuerpo.
En el estómago, esta activación provoca que el flujo sanguíneo se reduzca temporalmente, disminuyendo la actividad digestiva y generando la sensación de vacío o de cosquilleo que asociamos con “mariposas”.
Al mismo tiempo, el intestino —a menudo llamado el “segundo cerebro”— responde a estas señales mediante una serie de impulsos nerviosos que intensifican la percepción de la emoción, generando esa sensación que todos reconocemos.

Hormonas involucradas en la sensación
Adrenalina: Se libera ante nervios o excitación, acelerando el corazón y provocando sudoración.
Dopamina: Vinculada al placer y la recompensa, potencia la sensación de euforia al estar cerca de la persona que nos atrae.
Serotonina: Modula el estado de ánimo y puede generar la sensación de ansiedad o cosquilleo.
Oxitocina: Conocida como la hormona del amor, refuerza la conexión afectiva y la intimidad emocional.
No solo en el amor
Aunque asociamos esta sensación al enamoramiento, también ocurre en situaciones de estrés o emoción intensa, como antes de un examen, al hablar en público o al lanzarse en una montaña rusa. En todos los casos, la reacción química y fisiológica del cuerpo es muy similar: el cerebro activa el sistema nervioso y las hormonas preparan al organismo para reaccionar.

Un fenómeno universal y comprobado
Estudios de psicología y neurociencia han demostrado que las “mariposas en la panza” son una manifestación real del eje cerebro-intestino, un complejo sistema que conecta emociones, digestión y respuesta hormonal. Lejos de ser un simple dicho popular, es un ejemplo fascinante de cómo el cuerpo interpreta la emoción y la transforma en sensación física.
En definitiva, la próxima vez que sintamos esas mariposas, sabremos que nuestro cuerpo está experimentando una combinación perfecta de química, nervios y emoción, recordándonos que cada emoción intensa deja huella no solo en la mente, sino también en el estómago.