Cuando se habla de animales sorprendentes, los pulpos siempre encabezan la lista. No solo son reconocidos por su inteligencia y capacidad de camuflaje, sino también por una característica biológica que los hace únicos: tienen tres corazones y sangre azul.
¿Cómo funcionan sus tres corazones?
A diferencia de los humanos y la mayoría de los vertebrados, que tienen un solo corazón, los pulpos cuentan con un sistema circulatorio más complejo.
Dos corazones branquiales: bombean sangre hacia las branquias, donde se oxigena.
Un corazón sistémico: distribuye la sangre oxigenada al resto del cuerpo.
Este mecanismo es fundamental para su supervivencia en el fondo del mar, donde los niveles de oxígeno pueden ser bajos.

¿Por qué su sangre es azul?
La explicación está en la hemocianina, una proteína rica en cobre que transporta el oxígeno en la sangre del pulpo.
Mientras que los humanos utilizamos hemoglobina (rica en hierro, lo que le da el color rojo a nuestra sangre), los pulpos dependen de la hemocianina, que al entrar en contacto con el oxígeno adquiere un tono azulado.
Esta adaptación les permite transportar oxígeno de manera más eficiente en aguas frías y con poca concentración de oxígeno.
Un sistema pensado para la supervivencia
El particular sistema circulatorio de los pulpos es solo una de las muchas adaptaciones que desarrollaron a lo largo de millones de años. También poseen ocho brazos con ventosas independientes, una notable capacidad de aprendizaje y la habilidad de cambiar de color y textura para camuflarse.
La próxima vez que pienses en criaturas extraordinarias del océano, recordá este dato: los pulpos no solo piensan distinto, también laten distinto.
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Además de tener tres corazones y sangre azul, los pulpos esconden otras curiosidades sorprendentes:
Más de la mitad de sus neuronas están en los brazos, lo que permite que cada tentáculo actúe casi de manera independiente.
Cambian de color y textura en segundos gracias a células llamadas cromatóforos, que usan para camuflarse o comunicarse.
Su corazón principal se detiene cuando nadan, por eso prefieren desplazarse caminando por el fondo marino.
No tienen huesos (excepto el pico), lo que les permite pasar por orificios muy pequeños.
Usan herramientas: algunas especies transportan cáscaras de coco o conchas para utilizarlas como refugio.
Son de sangre fría, por lo que su actividad depende de la temperatura del agua.

Tienen una vida corta, muchas especies viven solo entre uno y dos años.
Mueren después de reproducirse: el macho suele morir tras el apareamiento y la hembra después de cuidar los huevos.
Son expertos en escapar, incluso de acuarios, levantando tapas o atravesando cañerías.
Tienen pupilas rectangulares horizontales, que les permiten una visión panorámica bajo el agua.